ESP_¿Cómo queremos vivir en la vejez?

Sergi Morales

Sergi Morales
Director de Expansión Internacional

SERGI MORALES. Director de Expansión Internacional de Suara Cooperativa

Hace unas semanas se publicaba un interesante estudio realizado por la Fundación Matia Instituto Gerontológico en colaboración con la Obra Social de La Caixa, titulado “Como nos gustaría ser cuidados/as” en el que se aborda la cuestión de cómo nos gustaría ser cuidados cuando seamos mayores, en base a una encuesta realizada en España sobre una muestra de 4.785 personas. El estudio tiene especial interés porque vislumbra como está evolucionando la sociedad y como también está cambiando el papel de la familia y los amigos en el cuidado de las personas dependientes, y en concreto de las personas mayores.

Probablemente el titular más destacado del estudio es que un 95,5% de los encuestados no quiere irse a vivir con sus hijos cuando no puedan valerse por sí mismos. Realmente la cifra resulta sorprendente, y tiene relación también en cómo ha evolucionado el concepto de cuidados. En este sentido los conceptos que tienen mayor aprobación cuando hablamos de cuidados son “es ayudar a otra persona en el momento y lugar que lo necesite” o “es ayudar a otra persona para que sea autónoma, e independiente”, es decir, el concepto de cuidar ha evolucionado de ser un elemento de protección y seguridad, a ser una garantía de autonomía y de ser apoyados solamente en aquello que necesitamos, y que nos dejen tranquilos en aquello que podemos seguir haciendo solos o que podemos decidir por nosotros mismos. En definitiva mantener nuestra dignidad hasta el final de nuestros días.

dependent-100343_640

Si avanzamos en el estudio, el otro dato destacado es donde prefieren estar las personas cuando se vean mayores y no tengan plena autonomía. El 42,3 % quiere quedarse en su casa y el 28,6 % irse a una residencia. Es decir, como es lógico, preferimos estar el máximo tiempo posible donde hemos vivido siempre, donde tenemos nuestros lazos con la comunidad, aunque pueda necesitarse un apoyo en las actividades de la vida diaria. Y la segunda conclusión, es que si tenemos que salir de nuestra casa, preferimos irnos a una residencia que con nuestros hijos.

Estos dos elementos que he destacado tienen una relevancia crucial para lo que será el futuro de la atención a los adultos mayores. En primer lugar, porque lo que necesitamos de la familia es cariño, afecto y compañía, no suponer una “carga”, que normalmente va acompañado de la pérdida de autonomía e independencia. En muchos lugares del mundo cuando presento lo que hacemos desde Suara, siempre me señalan que cuando llegamos a le vejez, es mejor estar cuidados por los hijos. Aunque ciertamente, esta frase normalmente la dicen los hombres, y siempre pensando que ese “cuidar” lo va a realizar la mujer de la casa. Es cuando se produce la plena incorporación de la mujer al mercado de trabajo, que también se produce un cambio en esta mentalidad, por tanto va acompañado de un apoderamiento de la mujer y al mismo tiempo de una profesionalización de los cuidados.

En segundo lugar, siempre preferimos mayoritariamente estar en casa, en nuestro entorno, con nuestros amigos, ir a comprar el pan donde lo hemos hecho siempre, a tomarnos un café en el bar que nos conocen, pero que nos ayuden en aquello que podamos necesitar y de forma profesional. Al mismo tiempo, se trata de ganar calidad en el tiempo que estamos con nuestros adultos mayores, que sea un tiempo de afecto, de compartir, de conversar y no de sentirnos como una carga. Además, de la mejor calidad de vida, una atención profesional en el domicilio siempre será mucho más eficiente que una institucionalización de nuestros mayores.

Por último, no debemos olvidar que desafortunadamente no todas las personas pueden continuar en los domicilios en las edades más avanzadas, por tanto la evolución natural de las residencias de personas mayores, como ya se está produciendo en España, será hacia centros con personas de media y alta dependencia con una mayor complejidad, probablemente con la excepción de los nuevos modelos de viviendas compartidas o cohousing que se están desarrollando.

En Chile existen a día de hoy más de 2,5 millones de personas adultas mayores, de las cuales algo más del 20% tiene algún tipo de dependencia, y la previsión para el 2020 es que esta cifra supere los 3,5 millones, con una oferta de servicios pública muy reducida y con oferta privada que empieza a prepararse para este gran reto del cuidado del adulto mayor de forma profesional.