ESP_El valor del silencio

Miquel Moré

Miquel Moré
Presidente de Garbet Cooperativa de Inserción

MIQUEL MORÉ. Presidente de Garbet Cooperativa de Inserción y socio de Suara

Habitualmente cuando hablamos de valores nos predisponemos a trabajarlos desde la acción. Es decir, los valores están ligados con las prácticas para que nos orientan en lo que hacemos, y eso tan pasa en la vida personal como en la vida organizativa, empresarial, cooperativa.

Por ejemplo si decimos que somos socialmente responsables esto nos lleva a un comportamiento social, económico, medioambiental determinado como empresa, que después debe traducirse en unos resultados medibles, comparables, etc. Si decimos que somos cercanos lo debemos manifestar con las personas que atendemos, con las personas que trabajamos juntas, con los clientes, con el entorn … y formará parte de nuestra cultura cooperativa. Y así ocurre con los otros valores formulados que no pueden ser sólo una declaración de intenciones.

Valores y acción son inseparables. Tampoco debemos olvidar que hablar de valores es hablar de creencias desde un punto de vista ético. La ética entendida como un conjunto de actitudes que adoptamos ante la vida y por otra parte como la fuerza, deseo y voluntad de hacer el bien común.

Nuestro trabajo tiene muchos aspectos que debemos trabajar desde la ética porque ponemos en el centro las personas. Por lo tanto estamos muy cerca de cuestiones como dignidad, voluntad, capacidad, decisión, justicia, derecho y responsabilidad. Y eso son palabras demasiado gruesas para tratarlas de cualquier manera!

Yo propongo incorporar el valor del silencio en el día a día. Puede parecer contradictorio, improductivo e ir incluso contracorriente de una cultura instalada en la sociedad que es la del hacer, la de no parar, no detenerse, la de ir con prisas y rápidos. Una cultura que todo lo calcula, lo mide, que con los minutos contados.

Me gustaría remarcar esta necesidad humana innata del silencio que relacionamos con la tranquilidad, el descanso, la naturaleza, la belleza, la terminación o el despuntar del día. El silencio tan necesario para crear, reflexionar, meditar, decidió, escribir.

 

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El silencio como un ejercicio para detenernos sencillamente un rato cada día, para mirar como estamos por dentro, que despierte la capacidad de poner atención interna y que suscite preguntas inquietantes: ¿Qué me está pasando aquí y ahora? ¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Qué necesito en estos momentos? ¿De qué forma quiero trabajar hoy? ¿Qué me gustaría transmitir? No es necesario hacer grandes meditaciones, pero podemos aprender a poner en práctica pequeñas “dosis de silencio”, ayudados por nuestra respiración, atentos al ritmo de nuestro cuerpo, de conectar el cuerpo con la mente. Fácilmente podemos vivir desconectados entre lo que pensamos y sentimos, entre lo que hacemos y pensamos, entre lo que damos a los demás y lo que necesitamos nosotros. Y sabemos que nadie puede dar lo que no tiene.

El silencio nos trabaja por dentro y nos vacía de lo que no necesitamos, de toda violencia interna, de lo que nos intoxica. Nos conecta con lo esencial: nuestra belleza y vulnerabilidad, nuestra visión personal y la sabiduría para comprender las razones de los demás, nos descubre el autocuidado y la capacidad de cuidar, la autoestima y el deseo de amar. Es un valor que exteriormente no se ve, pero interiormente genera toda la energía que necesitamos. El silencio nos hace SER más auténticos y nos aleja del HACER para hacer, de la impulsividad, la pretensión, la acción mecanicista.

En nuestro ámbito de trabajo es fundamental esta predisposición interior para poder afrontar los retos diarios. Quizás nos parecerá que estamos tiempo a todo lo que tenemos que hacer, pero no es así: lo que hacemos es poner conciencia, ordenar, poner orden, analizar, buscar respuestas, y todo se va convirtiendo en un valor añadido.

El valor del silencio nos lleva a la gran pregunta: ¿Cómo queremos vivir? Es un viaje hacia nosotros y es el mismo silencio que habla y nos aporta las respuestas. Sólo hay que saberlo sostener un rato cada día, empezando por 10 minutos.

¿Lo quieres probar y compartir? Adelante!