ESP_No hay cambios desde el sillón

Miquel Moré

Miquel Moré
Socio de Suara

MIQUEL MORÉ. Socio de Suara

Mientras escribo esta reflexión estoy en el sillón del salón de casa, ese gran mueble abatible que me permite tumbarme y quedarse inmóvil, vencido por otro día de trabajo; una vez sentado en el sillón soy incapaz de nada, como si ésta tuviera un poder extraordinario de atraparme y anularme. De aquí nace el título de este escrito (No hay cambios desde el sillón), justo después de acompañar durante toda la tarde un grupo de profesionales que le daban vueltas sobre este tema estrella presente en todas las instituciones: los cambios, la adaptación a ellos, las dificultades, los miedos, las oportunidades y su conveniencia.

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Sincerémonos! ¿Por qué tantas resistencias al cambio? Sabemos que muchas de las organizaciones manifiestan en sus valores la adaptación al cambio, la innovación, la flexibilidad, la creatividad, etc. Pero… ay, cuando estos valores se deben concretar y testimoniar personalmente y llevarlos a la práctica! Es aquí donde comienzan a desmontarse los esquemas, la seguridad tiembla, ya veces sentimos como si nos expropiaran el puesto de trabajo, como si tuviéramos que dejar de ser nosotros si no seguimos haciendo lo que hacíamos.

No es un tema actual. Los filósofos ya se adelantaron y nos dijeron que “en la vida el cambio es la única cosa inmutable” (A. Schopenhaeur), u otras más recientes abrieron muchas grietas diciéndonos que la vida es liquida, como lo es el amor, la sociedad, el trabajo, las relaciones sociales… que nada es para siempre, “y que la única tarea vital del ser humano es la constante búsqueda de su identidad” (Z. Bauman).

Por lo tanto siguen tan vigentes las preguntas ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia donde voy? No son nada fáciles de contestar y quieren una autorreflexión profunda. Además, cada persona las contesta de mil formas diferentes. De ahí la riqueza de nuestra diversidad.

La vida es cambio. Hay que prepararnos para las preguntas, especialmente para la tercera: ¿hacia dónde vamos? Porque la única certeza es que vamos siempre dirigidos a los cambios de todo tipo: sociales, laborales, emocionales, cognitivos, espirituales, físicos, etc.

  • Cambiar nos permite volver a empezar, volver a poner de pie y a vivir con una cierta incertidumbre, porque la vida nunca está bajo control. Una buena dosis de realismo.
  • Cambiar facilita la aceptación de nuevas realidades que antes desconocíamos, por tanto nos pide un ejercicio de revisión de competencias, y nos permite el surgimiento de nuevas capacidades personales que quedaban escondidas.
  • Cambiar nos hace más humildes y nos pone al servicio de nuestra propia misión y valores, nos confiere honestidad y coherencia personal, nos hace conectar lo que pensamos, con lo que decimos y lo que acabamos haciendo.
  • Cambiar nos hace más vulnerables, y nos saca de las zonas de confort, nos predispone a decir “no sé”, que es la primera declaración para empezar a aprender. Y a darnos cuenta que podemos pedir ayuda y no pasa nada.

Por lo tanto, seamos personas proactivas al cambio, con voluntad de cambiar, personas abiertas y confiadas a todo lo que va sucediendo, porque cada cambio nos aporta nuevos retos, personales y profesionales.

Tener retos es vivir con proyectos de futuro, es la mejora continua del presente, es intuir donde queremos estar, es comprometernos en la dinámica del cambio como parte esencial de la vida.

Me reafirmo: no nos dejemos atrapar por la metáfora del sillón. Nos deja inmóviles, sin ganas de nada, vencidos y totalmente anulados. No hay cambios desde el sillón! A veces en las instituciones sobran sillones.

Termino con una pequeña reflexión para que os sea útil cuando os miréis en el espejo: “Me miro al espejo y me pregunto: si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es “No” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo”. (S. Jobs).

Buen verano y buenos cambios!