'Rompamos distancias: el reto de comunicarnos mejor', por Miquel Moré

Miquel Moré

Miquel Moré
Socio de Suara Cooperativa

MIQUEL MORÉ. Socio de Suara y coach en Suara Cooperativa

ROMPAMOS DISTANCIAS: EL RETO DE COMUNICARNOS MEJOR

El título con el que comienzo este artículo no pretende ser una provocación. Ahora bien, si nos sinceramos todas y todos tenemos una necesidad innata de romper las distancias. Me refiero a las distancias de seguridad y físicas, que en estos momentos son indispensables para preservar nuestra salud y la de las otras personas. Por lo tanto, antes de proseguir, mantengámonos en las recomendaciones: ¡distancia, mascarilla y lavado de manos!

Me gustaría reflexionar sobre esta necesidad vital de relacionarnos entre personas. No es algo que hayamos descubierto ahora a raíz de la pandemia. Lo que ha pasado es que se ha hecho más intenso este deseo de abrazar, besar, acariciar y tocar, tener contacto físico sobre todo con las manos, sin guantes.

¿De dónde nace este impulso de mantener contacto, del que ahora estamos un poco huérfanos? Debemos recurrir a la filosofía y la antropología. El filósofo Aristóteles (siglo IV a. C.) hizo explícito que los seres humanos somos seres sociales, que nos necesitamos unos a otros para vivir y que lo hacemos a través de las relaciones que establecemos con otras personas. Es decir, que somos interdependientes unos de otros. Por eso vivimos en familia, en comunidad, en sociedad. Y por este motivo creamos vínculos con las amistades, con los equipos de trabajo. Por este hecho nos sentimos parte de Suara, de nuestro pueblo, de nuestra ciudad, de nuestro país.

Imagino que hoy el filósofo Aristóteles también diría que somos ecodependientes y que también forma parte de nuestra naturaleza humana, que somos parte de la tierra, del medio natural, y desgraciadamente no la estamos cuidando mucho, a pesar de ser el mundo nuestra casa común.

Por otro lado nuestra cultura tribal nos lleva a entender e interpretar gestos, signos, estados emocionales, representaciones simbólicas, etc. teniendo en cuenta que nuestro lenguaje no verbal supone casi un 70% de nuestra comunicación.

Pongamos como ejemplo el uso de la mascarilla: ¿Os habéis fijado, estos días, si la gente sonríe? ¿Cómo sabemos si alguien hace un gesto de desprecio o de insinuación con la boca? ¿Os es fácil ver la expresión facial del otro? ¿Entendéis de forma nítida el contenido, el tono, la vocalización cuando se dirigen a vosotros? Estaréis de acuerdo conmigo, con un tanto por ciento muy elevado, que la respuesta es no. ¡Algunas personas se han dibujado una sonrisa!

Hemos desarrollado mucho más el lenguaje de las manos para podernos expresar, como si fuera un lenguaje alternativo para expresar: un te quiero poniéndonos las manos en el corazón, un beso poniéndonos las manos a la boca, unas manos juntas para dar las gracias, por desearnos ánimos y suerte.

Lo que quiero decir es que hemos quedado limitadas como personas en nuestra comunicación habitual, la que teníamos y configuraba nuestra forma de relacionarnos. Es cierto que han aumentado y hemos aprendido a navegar por otros canales de comunicación, nos hemos podido ver, reunirnos, hablar entre nosotros. Pero también, de vez en cuando, nos ha salido un “¡buff!” como si empezáramos a estar cansados ​​y cansadas de tantas pantallas, de tanta virtualidad.

Es lógico, porque nunca las nuevas tecnologías podrán sustituir el clima que se crea cuando estamos al lado de las personas, con la presencia física, porque el cuerpo habla, emite y recibe continuamente información (inputs y outputs) y mucho más cuando nos referimos al lenguaje de las emociones.

Es cierto que podemos innovar con comunicaciones telemáticas (seguro que son muy eficientes) pero atención: siempre que éstas se complementen con la parte de presencia física. Si no, iréis viendo que hay personas y equipos que empiezan a enfriarse, distanciarse como si se tratara de un virus de desafección. La conexión online les hace perder lo esencial: el vínculo, la emoción, las actitudes comunicativas debilitan.

¿Cuál es el reto? Cuidar mucho la comunicación:

  • Tener muy presente que nuestra diferencia con otros seres vivos es la palabra: ¿Cómo es nuestro lenguaje verbal, lo que decimos conecta realmente con los demás?
  • ¿Qué tipo de palabras utilizamos? ¿Abren puertas al diálogo o levantan muros?
  • La escucha empática es esencial para una buena comunicación: ¿Cómo escuchamos? A veces lo hacemos desde los juicios, las creencias, la propia moral … Esto provoca en las personas sentimientos de incomprensión e incluso de rechazo. A veces no escuchamos, nos escuchamos a nosotros, el ego es quien habla y responde.
  • ¿Es nuestra escucha una escucha fina, delicada, atenta, pausada? ¿Escuchamos desde la comprensión y el reconocimiento?
  • Estar presentes físicamente y al lado de las personas hoy es una necesidad, ¡queremos desconfinarnos ya! Necesitamos tener alguna persona cerca.
  • La posición de nuestro cuerpo habla de nuestras actitudes internas. Nuestro cuerpo emite mensajes como: estoy aquí contigo, estoy aquí, me hago presente, te dedico tiempo exclusivo. O todo lo contrario: tengo prisa, a ver si ya acabas, no me apetece estar aquí, pongo distancia.
  • ¿De qué hablan nuestras manos? Acogen, acarician o rechazan y nos alejan. Los gestos que hacemos con las manos son un lenguaje nuevo, a veces muy presente en otras culturas y son gestos profundos que llegan al corazón de las personas para que van más allá, trascienden. Considere alguien enfermo cuando tiene la necesidad de sentirse cerca nuestra mano, o en un bebé cuando sólo con el calor de la mano se tranquiliza y se duerme.
  • ¿Cómo miramos? ¿Os habéis fijado? A veces con mascarilla y gafas de sol es más que un reto, es una superación de pequeños obstáculos. Los ojos son el espejo del alma, como dice la frase hecha castellana.
  • ¿Cómo es nuestra mirada? Seductora, cómplice, de aceptación, humilde, de hacer presente el otro, de admiración…

Ha llegado el verano. Todas y todos nos merecemos unos días para desconectar del día a día, de la dureza de estos meses y rehacernos. Seguro que nos relacionaremos con otras personas que hace tiempo que no hemos visto. Deseo que seamos capaces de romper las distancias cuidando mucho nuestra comunicación. Sólo así seremos capaces de nutrir nuestras necesidades más innatas: interdependencia y ecodependencia.